Si habéis compartido piso y habéis tenido algún desencuentro con otro de los inquilinos, sabéis lo incómodo que es cruzarse después por las zonas comunes. Vivir con malestar y desear no verlos se convierte en la dinámica general de la convivencia. Y sobre todo, haces tu mayor esfuerzo por evitarlos. Si están en la cocina, te toca esperar a que acaben. Una mierda, lo sé, pero mucha veces es mejor que sentir la tension en el ambiente.
Con Disprosio era lo mismo, no quería ni verle en pintura por ser un compañero de piso horrible y a la vez un babas. Había llegado al punto de no hablarle, le ignoraba, ni le saludaba ni le miraba. Hacía como si no existiera. Él seguía saludando o diciendo pequeñas frases, pero siempre obtenía silencio por mi parte. Parecía que no captaba el mensaje de "olvídate de mí" y vivía en sus mundos disprosiles.
Mientras tanto, la vida seguía y con la llegada de las vacunas del COVID, empezaron a llamar a la población por bloques de edad. Disprosio del 92, yo del 91, iríamos en días similares. No sé cómo se enteró de qué día me vacunaban a mí porque te avisaban mediante un SMS en el móvil. Pero recibí un Whatsapp suyo diciendo que teníamos cita para el mismo día y que si quería que compartiésemos un taxi al centro de vacunación. Seguramente lo hubiese escuchado mientras yo se lo contaba a los otros compañeros; una de sus costumbres era escuchar todo mientras se quedaba parado en el pasillo como un alma en pena. Mi respuesta fue que iba con unos amigos. Mentira cochina, me iba a pagar un taxi para mí sola. Ni harta de vino hubiese ido con él, y además mi vacuna era por la mañana y la suya a las 3 de la tarde.
Su estado delulu era acojonante, miles de rechazos por mi parte y él, terco como una mula. Además de tener la gestión de tiempo en el ojete. Su cita era a las 15:00. Salió de casa a las 14:45. No cogió un taxi porque era muy caro. No cogió el autobús porque daba mucha vuelta. Se fue caminando. Un paseo de unos 45 minutos a paso de persona normal. Pero para ritmo disprosil, una hora y media seguramente.
...
A esas alturas yo ya había hablado con los otros compañeros, ya les había dicho lo que pensaba, me había quejado por el grupo de WhatsApp y había discutido con Disprosio varias veces. Fue entonces cuando la pareja me contó que ellos también tenían mala relación con él por todos los problemas que daba en casa, pero que no querían decir nada de primeras para no generar conflicto.
Me contaron todas las veces que habían discutido, lo condescendiente que era Disprosio sobre todo con la chica vietnamita (recordemos, una traidora a la patria), lo cerdo y egoísta... Vamos, que no le habían calzado una hostia porque era ilegal. Y me hablaron de su costumbre de acosar a las chicas nuevas que llegaban a casa.
Siempre hacía el mismo papel: ofrecerse a ayudarlas en cosas básicas, estar encima todo el día, presentarse como el superhéroe. Porque recordemos que a sus ojos, cualquier mujer era inferior a él. Por lo tanto, tonta y necesitando ser rescatada. Alguna de las chicas le paraban los pies, otras le ignoraban porque sólo estaban de paso en Irlanda por unos meses. Las que tenían novio eran las únicas afortunadas de no tener ese acoso constante. Él lo intentaba de una forma menos descarada, pero al fin y al cabo, simio no mata simio.
La pareja me contó que antes de mudarme, una chica española había estado ocupando la habitación por unos meses. Él estuvo pico y pala, pero ella no fue tan borde como yo. Por lo que Disprosio pensaba que se la estaba camelando. Spoiler: NO. Simplemente la muchacha fue más respetuosa, tranquila, agradable... como quieras decirlo. Yo reconozco que no paso ni una y a la primera falta de respeto o que algo me chirríe, hago la cruz.
Esta chica se echó un rollete, por lo que a veces volvía a casa tarde o directamente se quedaba a dormir en casa de él. Cosa que Disprosio no sabía pero podía intuir. Veía cómo estaba perdiendo a su presa, ¡horror! Recordemos que vigilaba nuestros horarios y rutinas para poder tenernos controladas mejor. Así que cuando no le cuadró que ella no apareciera por el hogar, le envió un mensaje por WhatsApp. Le preguntó si estaba bien porque era tarde y aún no estaba en casa. Ella le dijo que pasaría la noche fuera. Para mi gusto, demasiadas explicaciones, yo ni hubiese contestado.
Otra noche que se quedó con el chico, recibió otro mensaje de Disprosio. Esta vez preguntando dónde estaba, que por qué no venía a dormir. Y ella ya le respondió que estaba en casa de su "amigo". ¡Pobre anormal, le habían robado a la chica!
Al final la chica se marchó y Disprosio se quedó sin objetivo a la vista. Hasta que aparecí yo como la nueva inquilina, claro.
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