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Mostrando entradas de abril, 2026

El pequeño dictador - Parte 3

En su cabeza de prepotente, se creía más listo que nosotras y lo que no sabía es que yo no era estúpida. Llevo viviendo en la misma casa 5 años, sé cada rincón y cada cosa como la palma de mi mano. Si algo no encaja, es porque alguien ha tocado algo que no debe. Pero él quería salirse con la suya a toda costa y yo no se lo iba a permitir. Este ser cocinaba todos los días y a cada hora, no sé cómo no se cansaba. Yo también estoy en una etapa de mi vida en que me estoy cuidando y estoy cocinando más conscientemente. Pero suelo hacer tuppers para 3 días y dejar todo más o menos organizado para no tirarme mis horas libres atrapada entre fogones. Él no, fuegos encendidos para el desayuno y más a la hora de comer. Dos, tres fuegos a la vez, el horno... Y además solía dejar los fuegos encendidos porque decía que así cogía más potencia (como la secadora, claro). Dejaba la sartén calentándose y a los 10 minutos volvía para poner un salmón o una carne por 4 minutos. Decía que era la única fo...

El pequeño dictador - Parte 2

Comencé a darme cuenta de sus malos hábitos y manías. Como ahora pasaba las mañanas en casa, veía todo lo que hacía cuando yo no estaba. Era un puto derroche de electricidad constante. Se levantaba, dejaba las cortinas cerradas y ponía un flexo toda la mañana hasta que se iba a trabajar. Porque en teoría estaba estudiando y según él le gustaba la oscuridad. Eso de que le gustase la penumbra era curioso si estaba con la luz puesta todo el día aunque hubiese luz natural. Lo mismo que cuando iba al baño, luz entrando por la ventana, daba igual, tenía que encender la luz. ¿No te ves los cojones?  También tenía creencias raras y de ahí no lo sacabas. La secadora que teníamos antes solo tenía una potencia y lo único que podías elegir era el tiempo según una ruleta. Era bastante buena a pesar de ser antigua y con 50-60 minutos, la ropa se secaba perfectamente. Además que para lavadora y secadora, tenemos los programas elegidos para que todos usemos los mismos y sea igualitario. Porque no ...

El pequeño dictador - Parte 1

El pequeño dictador se unió a la casa hace un par de años; quedaba una habitación libre y, al saber que trabajábamos en la misma empresa (aunque en diferentes áreas) y que la amiga desagradecida había trabajado con él, pensé que sería un buen compañero. Pasaba los 40 y estaba muy centrado en comer sano y sus rutinas de gimnasio. Además, contaba que quería vivir en una casa de "adultos" porque ya había tenido malas experiencias en el pasado. Parecía, y digo parecía, una buena elección. Pero como en la mayoría de las ocasiones, todos acaban mostrando su verdadera cara. Al principio, todo correcto, era un tío responsable, limpio y comprometido con las tareas del hogar. Cosa que al menos hacía bien, dejaba todo impecable. Y yo me pude relajar. Cuando ves que alguien funciona decentemente, deja todo ordenado y no hace ruido, parece que por fin estás compartiendo casa con alguien medianamente funcional. También en ese momento yo estaba hasta arriba con problemas en el trabajo y tam...

La amiga desgradecida - Parte 7

Resumiendo, y porque esto no va de su vida privada, solo de mi historia con ella. Decir que tuve que escuchar muchos lloros, muchas quejas, peleas... Pero por suerte ya no era mi responsabilidad ir a consolarla después de que hubiese tenido movida con el novio. Y cuando estaban bien, metía al chico en casa más de lo permitido. Una de las normas que tenemos en casa es que no hay que abusar de traer parejas o amigos a casa. Está bien si tu novio se queda una noche o si traes amigos a cenar. Pero tienes que entender que en casa somos 4 y solo tenemos un baño. Que esto no es un hotel y que la casa es de todos. Y que ni yo ni las demás chicas queremos salir de la ducha y encontrarnos a tu novio. Pues era llegar del trabajo y encontrarme a los dos en la cocina con música y pretendiendo que vivían solos. Viendo películas con el volumen alto a la hora de dormir o duchándose juntos. Y cuando ya se quedaba dos o tres noches seguidas, la amiga desagradecida ponía ojitos de pena y decía que estaba...

La amiga desagradecida - Parte 6

Me cansé. Me cansé de ser la adulta, la madre, la psicóloga, la niñera. Me cansé de tener que ir con pies de plomo. Me cansé de tener que pensar en su bienestar constantemente. Lógicamente no quería que le pasase nada, pero en ese momento yo iba primero en mi escala de prioridades. Si no quería salir del pozo, yo no podía hacerlo por ella. Ya tenía bastante en mi plato. Recuerdo que durante ese mes y el siguiente, me limité a sobrevivir. Trabajaba un montón de horas y como no quería volver a casa, me iba al gimnasio en cuanto salía del curro. Solo pasaba por casa para ducharme y dormir. No quería saber de más dramas y no quería cuidar de nadie, solo de mí misma. A pesar de seguir bajo el mismo techo, no coincidíamos (o hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no encontrarnos). Yo la borré de Instagram y de Facebook, no quería ver nada, no quería saber nada. Y ella jamás se disculpó por lo horrible que me trató ni por los gritos cuando ella había estado mal. Ni agradeció nada de lo que había...

La amiga desagradecida - Parte 5

Y llegó el mes del terror... No había tenido un mes más horrible en toda mi vida; fue un palo tras otro. No sé ni cómo sobreviví. Aún recuerdo pedir cita con mi psicóloga unos meses después y contarle todo para ver si lo había sabido llevar bien. Y me felicitó, me dijo que lo había hecho genial porque sin duda había sido una situación muy difícil. Cada vez que podías coger un poco de aire, te volvían a meter bajo el agua sin oxígeno. Había mencionado antes al anormal irlandés sujeto n1, amigo de la amiga desagradecida. Se conocieron en escalada, creo que llovía a cantaros y él se ofreció a llevarle a casa, dándose la casualidad de que éramos vecinos. Ella en los primeros minutos le contó su vida y se quejó de todo, buena carta de presentación. Desde el primer momento ella lo metió a la friendzone , así que no sé si él tenía algo de interés en ella o no.  Ella había querido jugar a la celestina diciendo que este sujeto pegaba conmigo y que a ver si salíamos todos juntos y nos conocí...

La amiga desagradecida - Parte 4

La amiga desagradecida era una persona voluble: estaba mal por días, pero un mañana se levantaba eufórica, hacía mil promesas y al día siguiente volvía al punto de partida. Era algo un poco chocante porque te había llorado una semana entera porque se sentía perdida y desmotivada, un día se había apuntado a algo y estaba en todo lo alto y cuando le preguntabas unos días después, ya no quería saber nada. Se apuntó a diferentes actividades, de todas empezaba llena de energía, se compraba todo y a los dos días había perdido interés. No era constante con nada. Se apuntó a escalada a pesar de estar a media hora en bicicleta desde casa, pero ella quería hacerlo. Aprovechó que el anomal irlandés sujeto n1 tenía coche e iba cuando iba él. Pero como cuando ella quería ir, él no iba, se enfadaba. Que manda narices que te enfades porque alguien use su coche a su antojo y no para llevarte a ti cuando te salga del ojete. Le dio por la arcilla para hornear, se compró todos los utensilios, hizo fi...

La amiga desagradecida - Parte 3

Hay algo que muchos deberían aprender: que uno esté mal no significa que se tenga el derecho de destruir a los demás. A estas alturas de la vida y siendo mayorcitos, no podemos seguir justificándonos en que hemos tenido una vida mala y por eso somos basura de personas. Tus mierdas, tus traumas, tus problemas. Ve a terapia, trabaja en ti, ve al médico... lo que sea necesario. Pero a mi no me vengas a joder porque yo si he hecho mis deberes y aunque vengo de una familia desestructurada, he pasado por relaciones de maltrato y bullying, no me he convertido en una zorra. No puedo cambiar mi pasado, ni las circunstancias pero puedo luchar por salir de la zona de mierda y romper el circulo tóxico. Alguien que ha trabajado en sí mismo o está en el proceso entiende esto a la perfección. Sin embargo, para muchos otros, es más fácil pagarlo con los demás e intentar hacer nuestra vida igual de miserable que la suya. En este caso la amiga desagradecida se convirtió en ese tipo de persona. Era un va...

La amiga desgradecida - Parte 2

No solo le ayudé a hacerse a la nueva vida, sino que también le incluí en mi vida. Era mi amiga y acababa de llegar. Le invité a todos mis planes, le presenté a mis amigos, le llevé a sitios que me gustaban, le enseñé la ciudad... Compartí con ella mi vida y todo aquello que me hacía feliz porque también quería que lo disfrutase. Aún recuerdo lo emocionada que estaba, tanto que el primer viernes que estuvo aquí le di como regalo entradas a un concierto tributo de una banda que nos gustaba. Nos pusimos guapas y pasamos una noche muy guay.  Ella encontró trabajo en una tienda deportiva a los pocos días de estar aquí y empezó a llevarse bien con sus compañeros. También se apuntó a escalada y conoció a quien llamaremos gilipollas irlandés sujeto n1, alguien con quien yo tuve un rollete. Y de golpe, se olvidó de mí.   No es que se olvidara de mi existencia como tal, pero dejó de hacer cosas divertidas conmigo. Ya no le apetecía salir a dar una vuelta, compartir un café o proba...

La amiga desagradecida - Parte 1

Nos conocimos estudiando la carrera, nos llevábamos bien, pero en ese momento tampoco éramos súper cercanas. Yo entraba a la universidad siendo "mayor" porque había tardado 4 años más que lo "normal". De modo que ella con 18 recién cumplidos y yo con unos 22, se podía notar la diferencia. Como pasa en muchas ocasiones, casi que nos volvimos más amigas cuando acabó la carrera que cuando la estábamos cursando. Y también, como me ha pasado siempre, soy la amiga para llorar las penas y dar consejos, no la de hacer los planes divertidos. Ella, acorde a su edad y madurez, en ese momento estaba socialmente relacionada con gente de su quinta, su noviete y sus dramas de jovenzuela. A mí me pillaba más adulta, enfocada en los estudios y atrapada en una relación de maltrato. Así que compartíamos tiempo en clase porque nos relacionábamos con la misma gente y hacíamos trabajos grupales juntas. No fue hasta el último año de la carrera que empezamos a hablar más y ella se sintió c...

La sucia portuguesa - Parte 2

En la anterior entrada resumí un poco el conflicto con esta persona, pero no entré en detalles. Señoras y señores, espero que tengan un estómago fuerte para las cosas que pueden leer a continuación. Y si consideras que lo que ella hacía era normal, haz un favor a la sociedad y vive solo, en el medio de la nada si es posible. Si queremos jugar un poco a ser psicólogos, más que nada para entender el porqué de su comportamiento, hay que analizar el perfil de esta señora. La sucia portuguesa era una chica que parecía hedonista, mística, filosofía del carpe diem . Vendía la imagen de ser una chica Pinterest , de romantizar su vida y alumbrar al mundo con su luz. De hecho, si veías sus redes sociales, tenía un feed cuidado con fotos bonitas, pero ya sabemos que mayormente en internet se cuelga solo lo aesthetic .  La buena energía que ella pensaba que emitía era igual de saludable que la nube tóxica después de la bomba de Hiroshima. Su luz: negra, oscura, sin brillo, opaca. Pero a sus oj...

La sucia portuguesa - Parte 1

Antes que nada, hacer un pequeño  disclaimer : utilizar la nacionalidad para referirme a ella es únicamente a modo de mote por no hacer público su nombre real, en ningún momento se usa de forma peyorativa o racista. Atte., una extranjera viviendo en un país que no es suyo.  ... La pareja que vivía conmigo se había comprometido, habían acabado sus doctorados y su tiempo en Irlanda se había terminado: así que se mudaban a España para empezar otra etapa. Estaba muy feliz por ellos, pero a la vez me daba mucha pena, no solo perdía a dos amigos, sino también a sus dos gatos. Habían sido unos compañeros de piso estupendos, habíamos forjado una amistad y habían cuidado de mí como una familia. Iba a notar mucho su ausencia. Pero por suerte puedo decir que tiempo después acudí a su boda y aún seguimos en contacto.  En casa también cambiaban mucho las cosas: yo pasaba a estar al mando y me tocaba a mí tomar la responsabilidad de inquilinos, facturas y mantener todo en orden. No me ...

Disprosio: Salto a la actualidad - Parte 6

Pegaremos un salto a d í a de hoy, dejando a un lado las cagadas que hizo en casa, porque eso es material para otra serie de episodios disprosiles. Diré que Disprosio se marchó cuando se enteró de que la pareja se mudaba a España y yo me iba a quedar al cargo de la casa. Era tonto pero lo suficientemente listo como para saber que yo al mando lo iba a largar a la primera. Cuando dijo que se marchaba no me lo crei hasta que no le vi sacando su ultima mierda del cuarto de Diogenes. Increíble, ¡se había largado! Quemé incienso, dejamos las ventanas abiertas durante días, limpiamos lo que pudimos... El fin de una era. ¡Vaya pesadilla! Sin embargo, Disprosio se había marchado de nuestra casa pero no del país. A fin de cuentas, es una ciudad pequeña y te cruzas con todo el mundo. Sabía que tarde o temprano lo iba a ver. Sería la única forma de contacto porque en cuanto se fue, lo eliminamos del grupo de la casa en WhatsApp y yo lo bloqueé por si las moscas. Varias veces lo vi por la calle...

Disprosio: Su etapa final - Parte 5

Si habéis compartido piso y habéis tenido algún desencuentro con otro de los inquilinos, sabéis lo incómodo que es cruzarse después por las zonas comunes. Vivir con malestar y desear no verlos se convierte en la dinámica general de la convivencia. Y sobre todo, haces tu mayor esfuerzo por evitarlos. Si están en la cocina, te toca esperar a que acaben. Una mierda, lo sé, pero mucha veces es mejor que sentir la tension en el ambiente. Con Disprosio era lo mismo, no quería ni verle en pintura por ser un compañero de piso horrible y a la vez un babas. Había llegado al punto de no hablarle, le ignoraba, ni le saludaba ni le miraba. Hacía como si no existiera. Él seguía saludando o diciendo pequeñas frases, pero siempre obtenía silencio por mi parte. Parecía que no captaba el mensaje de "olvídate de mí" y vivía en sus mundos disprosiles. Mientras tanto, la vida seguía y con la llegada de las vacunas del COVID, empezaron a llamar a la población por bloques de edad. Disprosio del 92,...

Disprosio: Caballero y servicial - Parte 4

Cada vez tenía menos oportunidades para lucirse, ¿cómo iba a demostrar que era el macho alfa si yo no permitía el contacto? Mencionar que estoy dejando a un lado las cosas que hacía en casa, porque esas son historias para no dormir. De momento me centraré solo, como si fuera poco, en su faceta de acosador.  Sus intentos de interacción no cesaban, seguía apareciendo en la cocina cada vez que yo llegaba. Intentaba conversar conmigo cada vez que me veía. Seguía usando el baño cuando yo salía de él. De hecho, empezó a usarlo algunas veces antes que yo. Y al final yo terminaba golpeando la puerta después de media hora o incluso 40 minutos esperando a que saliese, diciendo que tenía que irme al trabajo y que dejara de acaparar el baño. Salía del baño y con su sonrisilla de imbécil decía que lo sentía. Mi repulsión hacia él no hacía más que crecer y después de varias discusiones conmigo y otros miembros de la casa, todo el mundo le evitaba. Él no sólo no cambió nada, sino que además seguí...

Disprosio: Donde tú vayas, allí estaré - Parte 3

Más o menos habían pasado unos tres meses, pero yo tenía la sensación de que todo había ido a 200 km/h. En el trabajo me habían dicho que me iban a mandar a otro hotel de su misma cadena. (Una jugarreta sucia que da para otra entrada en el blog). Por lo tanto, mi horario fijo iba a dejar de serlo. Al final el cambio de hotel no solo implicaba una nueva ubicación, también un cambio de puesto. Seguía siendo ejecutiva de redes sociales, pero a media jornada. Y a la otra media, camarera de desayunos. Esto suponía que dependiendo del día, podía empezar a las 6 de la mañana, a las 7 o a las 8. No había una rutina, cada día era diferente, según la afluencia de huéspedes o personal que no se presentase a trabajar. Mis mañanas eran levantarme una hora antes de entrar a mi turno, ir al baño, desayunar algo rápido, vestirme, lavarme los dientes y coger la bici para ponerme rumbo al hotel. En silencio, aún seguía dormida. Pero Disprosio... él tenía otros planes. Yo solía ser la primera en levantar...

Disprosio: Príncipe azul al rescate - Parte 2

Después de ese día supe que Disprosio iba a ser un anormal de carrito. Sin lugar a dudas. Pero no quería decir nada a los otros compañeros de casa porque yo acababa de llegar y no quería hablar mal de nadie ni generar conflictos. Así que me desahogué con mis amigas, ellas, mi lugar seguro. Y me confirmaron lo mismo, que este ser tenía tarita.  Las semanas transcurrieron con normalidad. Yo estaba medianamente bien: trabajaba, salía con mi nuevo grupo de aquí, paseaba, comía cosas ricas y descubría cada rincón de la ciudad. No podía quejarme, la verdad. Poco a poco iba recuperándome de la depresión y haciéndome a la vida en otro país. La experiencia era positiva y yo realmente necesitaba ese escape de mi antigua realidad. Para mis amigos y seres queridos, yo era una valiente: había puesto mi vida en una maleta de 20 kg y una mochila de acampada. Sin saber si mi plan iba a funcionar o después de unos meses tendría que volver a casa de mis padres. Pero para Disprosio, yo era una mujer ...