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El pequeño dictador - Parte 5

Y llegó el golpe de Estado... Cuando digo que el pequeño dictador era imposible, no era una percepción mía. Era que todo el mundo que le conocía tenía algo malo que decir de él. En el trabajo había tenido varios encontronazos con distintos compañeros. Incluso a uno le dijo que, como no mejorase, lo iba a despedir cuando él no tenía autoridad para ello. También había habido algún que otro conflicto con su superior, porque él "tenía razón" y no concebía que las cosas se hicieran de un modo diferente al que él quería. En uno de esos conflictos en el trabajo, recuerdo que estuvo hablando por teléfono con su toyboy y por la conversación pude entender que el chico le estaba intentando tranquilizar (en mi casa las paredes son de papel, así que escuchas todo y más si hablas a voces). Vamos, lo normal en estos casos. A lo que el caudillo le gritó que él no sabía nada y que no entendía cómo era el asunto. A ver, si no quieres que nadie te diga lo que no quieres escuchar, no hables con...
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El pequeño dictador - Parte 4

A esas alturas de la historia, yo ya estaba que no podía con él, se creía con más derechos que nadie y, sobre todo, por encima de todos. No, no lo era, simplemente su ego le decía que sí. Y por supuesto, ojo a que alguien hiciese algo de una forma diferente o le llevase la contraria... Ardería Troya. Como yo estaba harta de su comportamiento narcisista y de que se creyera por encima de nosotras, empecé a cantarle las 40. De forma educada y con respeto, pero a él no le gustó. Si estaba con el toyboy por 3 horas en la cocina, dejaba la luz de su cuarto encendida cuando no estaban. Así que le decía que por favor apagase la luz si no la estaban usando. Su respuesta era que yo era una pesada. Cuando cocinaba, como en la cocina tenemos dos luces, muchas veces tenía las dos encendidas y le decía que cuál prefería, ya que no hacía falta tener dos luces a la vez. Ponía mala cara, pero yo apagaba una. Y es que además cocinaba y usaba la luz del extractor. Luz que no hacía falta si ya tenías las ...

El pequeño dictador - Parte 3

En su cabeza de prepotente, se creía más listo que nosotras y lo que no sabía es que yo no era estúpida. Llevo viviendo en la misma casa 5 años, sé cada rincón y cada cosa como la palma de mi mano. Si algo no encaja, es porque alguien ha tocado algo que no debe. Pero él quería salirse con la suya a toda costa y yo no se lo iba a permitir. Este ser cocinaba todos los días y a cada hora, no sé cómo no se cansaba. Yo también estoy en una etapa de mi vida en que me estoy cuidando y estoy cocinando más conscientemente. Pero suelo hacer tuppers para 3 días y dejar todo más o menos organizado para no tirarme mis horas libres atrapada entre fogones. Él no, fuegos encendidos para el desayuno y más a la hora de comer. Dos, tres fuegos a la vez, el horno... Y además solía dejar los fuegos encendidos porque decía que así cogía más potencia (como la secadora, claro). Dejaba la sartén calentándose y a los 10 minutos volvía para poner un salmón o una carne por 4 minutos. Decía que era la única fo...

El pequeño dictador - Parte 2

Comencé a darme cuenta de sus malos hábitos y manías. Como ahora pasaba las mañanas en casa, veía todo lo que hacía cuando yo no estaba. Era un puto derroche de electricidad constante. Se levantaba, dejaba las cortinas cerradas y ponía un flexo toda la mañana hasta que se iba a trabajar. Porque en teoría estaba estudiando y según él le gustaba la oscuridad. Eso de que le gustase la penumbra era curioso si estaba con la luz puesta todo el día aunque hubiese luz natural. Lo mismo que cuando iba al baño, luz entrando por la ventana, daba igual, tenía que encender la luz. ¿No te ves los cojones?  También tenía creencias raras y de ahí no lo sacabas. La secadora que teníamos antes solo tenía una potencia y lo único que podías elegir era el tiempo según una ruleta. Era bastante buena a pesar de ser antigua y con 50-60 minutos, la ropa se secaba perfectamente. Además que para lavadora y secadora, tenemos los programas elegidos para que todos usemos los mismos y sea igualitario. Porque no ...

El pequeño dictador - Parte 1

El pequeño dictador se unió a la casa hace un par de años; quedaba una habitación libre y, al saber que trabajábamos en la misma empresa (aunque en diferentes áreas) y que la amiga desagradecida había trabajado con él, pensé que sería un buen compañero. Pasaba los 40 y estaba muy centrado en comer sano y sus rutinas de gimnasio. Además, contaba que quería vivir en una casa de "adultos" porque ya había tenido malas experiencias en el pasado. Parecía, y digo parecía, una buena elección. Pero como en la mayoría de las ocasiones, todos acaban mostrando su verdadera cara. Al principio, todo correcto, era un tío responsable, limpio y comprometido con las tareas del hogar. Cosa que al menos hacía bien, dejaba todo impecable. Y yo me pude relajar. Cuando ves que alguien funciona decentemente, deja todo ordenado y no hace ruido, parece que por fin estás compartiendo casa con alguien medianamente funcional. También en ese momento yo estaba hasta arriba con problemas en el trabajo y tam...

La amiga desgradecida - Parte 7

Resumiendo, y porque esto no va de su vida privada, solo de mi historia con ella. Decir que tuve que escuchar muchos lloros, muchas quejas, peleas... Pero por suerte ya no era mi responsabilidad ir a consolarla después de que hubiese tenido movida con el novio. Y cuando estaban bien, metía al chico en casa más de lo permitido. Una de las normas que tenemos en casa es que no hay que abusar de traer parejas o amigos a casa. Está bien si tu novio se queda una noche o si traes amigos a cenar. Pero tienes que entender que en casa somos 4 y solo tenemos un baño. Que esto no es un hotel y que la casa es de todos. Y que ni yo ni las demás chicas queremos salir de la ducha y encontrarnos a tu novio. Pues era llegar del trabajo y encontrarme a los dos en la cocina con música y pretendiendo que vivían solos. Viendo películas con el volumen alto a la hora de dormir o duchándose juntos. Y cuando ya se quedaba dos o tres noches seguidas, la amiga desagradecida ponía ojitos de pena y decía que estaba...

La amiga desagradecida - Parte 6

Me cansé. Me cansé de ser la adulta, la madre, la psicóloga, la niñera. Me cansé de tener que ir con pies de plomo. Me cansé de tener que pensar en su bienestar constantemente. Lógicamente no quería que le pasase nada, pero en ese momento yo iba primero en mi escala de prioridades. Si no quería salir del pozo, yo no podía hacerlo por ella. Ya tenía bastante en mi plato. Recuerdo que durante ese mes y el siguiente, me limité a sobrevivir. Trabajaba un montón de horas y como no quería volver a casa, me iba al gimnasio en cuanto salía del curro. Solo pasaba por casa para ducharme y dormir. No quería saber de más dramas y no quería cuidar de nadie, solo de mí misma. A pesar de seguir bajo el mismo techo, no coincidíamos (o hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no encontrarnos). Yo la borré de Instagram y de Facebook, no quería ver nada, no quería saber nada. Y ella jamás se disculpó por lo horrible que me trató ni por los gritos cuando ella había estado mal. Ni agradeció nada de lo que había...