Y llegó el golpe de Estado... Cuando digo que el pequeño dictador era imposible, no era una percepción mía. Era que todo el mundo que le conocía tenía algo malo que decir de él. En el trabajo había tenido varios encontronazos con distintos compañeros. Incluso a uno le dijo que, como no mejorase, lo iba a despedir cuando él no tenía autoridad para ello. También había habido algún que otro conflicto con su superior, porque él "tenía razón" y no concebía que las cosas se hicieran de un modo diferente al que él quería. En uno de esos conflictos en el trabajo, recuerdo que estuvo hablando por teléfono con su toyboy y por la conversación pude entender que el chico le estaba intentando tranquilizar (en mi casa las paredes son de papel, así que escuchas todo y más si hablas a voces). Vamos, lo normal en estos casos. A lo que el caudillo le gritó que él no sabía nada y que no entendía cómo era el asunto. A ver, si no quieres que nadie te diga lo que no quieres escuchar, no hables con...
A esas alturas de la historia, yo ya estaba que no podía con él, se creía con más derechos que nadie y, sobre todo, por encima de todos. No, no lo era, simplemente su ego le decía que sí. Y por supuesto, ojo a que alguien hiciese algo de una forma diferente o le llevase la contraria... Ardería Troya. Como yo estaba harta de su comportamiento narcisista y de que se creyera por encima de nosotras, empecé a cantarle las 40. De forma educada y con respeto, pero a él no le gustó. Si estaba con el toyboy por 3 horas en la cocina, dejaba la luz de su cuarto encendida cuando no estaban. Así que le decía que por favor apagase la luz si no la estaban usando. Su respuesta era que yo era una pesada. Cuando cocinaba, como en la cocina tenemos dos luces, muchas veces tenía las dos encendidas y le decía que cuál prefería, ya que no hacía falta tener dos luces a la vez. Ponía mala cara, pero yo apagaba una. Y es que además cocinaba y usaba la luz del extractor. Luz que no hacía falta si ya tenías las ...