El pequeño dictador se unió a la casa hace un par de años; quedaba una habitación libre y, al saber que trabajábamos en la misma empresa (aunque en diferentes áreas) y que la amiga desagradecida había trabajado con él, pensé que sería un buen compañero. Pasaba los 40 y estaba muy centrado en comer sano y sus rutinas de gimnasio. Además, contaba que quería vivir en una casa de "adultos" porque ya había tenido malas experiencias en el pasado. Parecía, y digo parecía, una buena elección. Pero como en la mayoría de las ocasiones, todos acaban mostrando su verdadera cara.
Al principio, todo correcto, era un tío responsable, limpio y comprometido con las tareas del hogar. Cosa que al menos hacía bien, dejaba todo impecable. Y yo me pude relajar. Cuando ves que alguien funciona decentemente, deja todo ordenado y no hace ruido, parece que por fin estás compartiendo casa con alguien medianamente funcional. También en ese momento yo estaba hasta arriba con problemas en el trabajo y tampoco pasaba mucho tiempo en casa, así que si algo sucedía durante mis largas horas fuera, no me iba a dar cuenta.
A pesar de ser latino y gay, cosa que era esencial para la casa, ya que cada uno era de una nacionalidad y orientación sexual diferente. Parecía sacado del bar del pueblo de la España profunda de los años 50, de esos llenos de machirulos homófobos y cerrados de mente. Renegaba de cualquier cosa gay y era intransigente como él solo. Me imagino que todo ese odio que tenía dentro nació de odiarse a sí mismo. Y lo confirmó cuando a una de las compañeras de la casa, chica trans, la llamó "el chico". Ella ya había salido del armario como chica antes de mudarse, estaba en proceso de transición y siempre la conocimos como ella. Además de llevar viviendo en la casa más tiempo que él.
A los pocos meses de llegar él, cuando la amiga desagradecida se marchó, entró a la casa una chica india y gay. Su apariencia era "masculina", pelo corto, cara lavada, ropa de la sección de hombre. Ya sabemos que la ropa no tiene género, pero sí que es cierto que podía parecer un chico. Sin embargo, ella era una chica gay que, independientemente de su estilo, se identificaba en femenino.
El pequeño dictador me preguntó cómo había que tratarle y le dije que en femenino, a lo que él dijo que yo no sabía de estos temas porque no era gay y que le iba a preguntar. Efectivamente, chica cis que se identificaba como ella independientemente de su orientación sexual y prendas a la hora de vestir. Parece que no se quedó contento, porque a sus ojos era un "niño". Bien de prejuicios, menos mal que le gustaban los hombres.
...
Poco a poco fue enseñando la patita, como suele pasar en estas ocasiones. Bien es cierto que era limpio y cumplía con sus tareas, pero también era egoísta, maniático e inflexible. Un día con toda la mala hostia me dijo qué era necesario para echar de casa a la chica trans. Yo, extrañada, le pregunté el motivo de ello, ya que había estado viviendo con ella un par de años y nunca habíamos tenido problemas. A lo que abrió la nevera y me señaló una botella de agua. No vi el problema, así que cerró la puerta y la volvió a abrir con más fuerza, entonces la botella se tambaleó. Y dijo que estaba harto de ella.
A mí me extrañó porque no iba a echar a nadie de casa por una botella que no estorbaba y que sólo se movió porque él abrió la nevera con mala hostia. Creo que lo que realmente le molestaba es que ella hubiera puesto una botella y él no tuviera todo el espacio para él y sus botellas con batidos energéticos.
También le molestaba que ella usara el baño cuando él llegaba del trabajo o tenía que irse. Era un tío cero flexible con su rutina de modo que si alguien le jodía sus planes, ya entraba en su lista negra. Solía trabajar de tarde, así que se marchaba antes de comer y no aparecía hasta las 8 de la tarde. Llegaba y se tiraba 40 minutos encerrado en el baño. Entre que cagaba y se daba duchas eternas, media vida allí. Que manda cojones que te enfades porque no esta libre para ti cuando hay un baño para 4 personas y no podemos controlar nuestras tripas. Y que también necesitábamos ducharnos nosotras.
Yo tenía el detalle de dejarlo libre porque no me costaba nada, pero si tenía que hacer pis, lo siento, me meo y yo estaba antes en casa. Lo mismo que los fines de semana que trabajábamos todos, les dije de decir por el grupo de casa una hora porque llegaba un sábado por la mañana que los 4 teníamos que salir a la misma hora, y eso era un estrés. Y sin problemas, todo hablado y bien coordinado.
Quería todo para él, que nosotras siguiésemos al pie de la letra cada norma, pero que él pudiese hacer o que quisiera. Literalmente quería vivir en su dictadura y que nosotras estuviéramos sometidas a su voluntad. Y ahí fue cuando empezaron los problemas. Cuando yo deje el trabajo de mierda que me estaba consumiendo y hasta que encontre otro empece a pasar mas tiempo en casa. Por lo tanto, empecé a ver cosas raras.
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