Ir al contenido principal

El pequeño dictador - Parte 2

Comencé a darme cuenta de sus malos hábitos y manías. Como ahora pasaba las mañanas en casa, veía todo lo que hacía cuando yo no estaba. Era un puto derroche de electricidad constante. Se levantaba, dejaba las cortinas cerradas y ponía un flexo toda la mañana hasta que se iba a trabajar. Porque en teoría estaba estudiando y según él le gustaba la oscuridad.

Eso de que le gustase la penumbra era curioso si estaba con la luz puesta todo el día aunque hubiese luz natural. Lo mismo que cuando iba al baño, luz entrando por la ventana, daba igual, tenía que encender la luz. ¿No te ves los cojones? 

También tenía creencias raras y de ahí no lo sacabas. La secadora que teníamos antes solo tenía una potencia y lo único que podías elegir era el tiempo según una ruleta. Era bastante buena a pesar de ser antigua y con 50-60 minutos, la ropa se secaba perfectamente. Además que para lavadora y secadora, tenemos los programas elegidos para que todos usemos los mismos y sea igualitario. Porque no voy a poner yo una lavadora de 1 hora y secarla en otra y tú poner tu lavado de 3 horas y 2 horas y media secándose. Porque no es justo y todos pagamos a pachas la luz.

Ponía la secadora en 120-140 minutos porque decía que así la secadora cogía más potencia. Cosa que era mentira, pero no sé si lo creía firmemente o era su excusa para poner su ropa más tiempo. La ropa estaba seca pasada una hora y sus prendas no eran especiales. Yo se lo dije porque no era justo y dijo que controlaba el tiempo y la paraba antes de llegar a lo marcado con el reloj. Alguna vez sí que veía la secadora parada a mitad de tiempo porque la ruleta se había quedado a mitad, pero en otras, directamente la dejaba terminar. 

También me di cuenta de que calentaba la ropa en la secadora, metía el uniforme para ponérselo caliente antes de ir al trabajo. Perdona, ¿tú quién coño te crees que eres? ¿Un marqués? Si lo demás no hacemos eso, tú tampoco. No eres especial, no eres mejor que nosotras. ¿Qué haces usando la secadora para ese capricho de mierda? O lo pones en la calefacción o te aguantas como todas.

...

Lo de la calefacción también fue otro tema. Teníamos programadas dos horas, una por la mañana y otra por la tarde-noche. Entre todos decidimos acordar las horas que mejor nos venían para aprovechar el calor cuando estábamos en casa. Así el primero que se levantase tendría la casa caliente y el calor perduraría unas horas más y por la noche lo mismo, la casa caliente para llegar a un hogar cálido después de venir del trabajo. El pequeño dictador se quejaba de que hacía frío, pero nunca le veías usando un pijama de infierno o ropa de abrigo. Pretendía tener la casa a 20 grados e ir en shorts todo el día. Otro como Disprosio. Vives en Irlanda, no sé qué esperas de un país frío, lluvioso y más en meses de invierno.

La calefacción iba con termostato, así que una ruleta con pestañas marcaba las horas de calefacción. De vez en cuando me encontraba pestañas presionadas. A veces era porque cuando dejaban el aspirador en su sitio, con el brazo de este lo golpeaban y tenía que decirles que tuvieran cuidado. No solo porque era un aparato delicado, sino también porque de repente la calefacción estaba programada para 5 horas seguidas.

Una breve explicación: la casa en la que vivo es antigua. La ducha es eléctrica y funciona aparte del resto de grifos y tenemos agua caliente siempre para ducharnos. Pero si queremos agua caliente en el fregaplatos y los otros dos lavamanos que tenemos, solo tendremos cuando la calefacción esté puesta y se almacene en un depósito de la caldera. Si la calefacción se encendía por la mañana, teníamos agua caliente hasta que el depósito se agotase. Solía dar para nuestro uso personal por la mañana y quedaba tibia para la hora de comer. Luego cuando saltaba la calefacción por la noche, volviamos a tener agua caliente en los grifos, y así el ciclo día tras día. 

Una tarde antes de que saltara la calefacción, me esperaba el agua tibia al lavarme las manos, pero cuál fue mi sorpresa de que estaba muy caliente. Y ahí se confirmaron mis sospechas, este capullo egocéntrico se ponía la calefacción cuando estaba solo en casa. Porque pobrecito, tenía frío. Egoísta como él solo.

Después de recibir una factura de la luz más elevada de lo normal, tuve que decir por el grupo que nada de poner la calefacción para uso personal, que nada de poner secadoras para calentar la ropa y que nada de actitudes egoístas. Que aquí todos pagábamos igual y que no iba a tolerar mierdas así. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Disprosio: El origen - Parte 1

Era mi segundo día en la casa compartida y apareció él, mientras yo estaba en la cocina con los otros compañeros. Un chico de 28 años, vietnamita, de cuerpo pequeño, de aspecto dejado, con una mirada que daba mal rollo, abrió la boca y dijo algo en inglés, no le entendí, pero sonreí y con educación le dije que encantada. Ahí estaba mi primera interacción con Disprosio. Durante los primeros días no hice mucho caso, ya bastante tenía encima con empezar a construir una vida en otro país, en una lengua que no era la mía, asentándome en la casa nueva y haciéndome a la nueva etapa que empezaba. Yo tenía 29 años, una carrera y un máster con honores, muchas titulaciones y muchos más aún rechazos de las cientos de empresas a las que había echado mi CV para conseguir un trabajo. Por eso me fui, con la esperanza de tener un futuro, ni siquiera un futuro mejor, solo un futuro. Una esperanza. Y de paso huir de mi hogar desestructurado e intentar salvarme a mí misma de la depresión que tenía y que m...

Disprosio: Príncipe azul al rescate - Parte 2

Después de ese día supe que Disprosio iba a ser un anormal de carrito. Sin lugar a dudas. Pero no quería decir nada a los otros compañeros de casa porque yo acababa de llegar y no quería hablar mal de nadie ni generar conflictos. Así que me desahogué con mis amigas, ellas, mi lugar seguro. Y me confirmaron lo mismo, que este ser tenía tarita.  Las semanas transcurrieron con normalidad. Yo estaba medianamente bien: trabajaba, salía con mi nuevo grupo de aquí, paseaba, comía cosas ricas y descubría cada rincón de la ciudad. No podía quejarme, la verdad. Poco a poco iba recuperándome de la depresión y haciéndome a la vida en otro país. La experiencia era positiva y yo realmente necesitaba ese escape de mi antigua realidad. Para mis amigos y seres queridos, yo era una valiente: había puesto mi vida en una maleta de 20 kg y una mochila de acampada. Sin saber si mi plan iba a funcionar o después de unos meses tendría que volver a casa de mis padres. Pero para Disprosio, yo era una mujer ...

Disprosio: Caballero y servicial - Parte 4

Cada vez tenía menos oportunidades para lucirse, ¿cómo iba a demostrar que era el macho alfa si yo no permitía el contacto? Mencionar que estoy dejando a un lado las cosas que hacía en casa, porque esas son historias para no dormir. De momento me centraré solo, como si fuera poco, en su faceta de acosador.  Sus intentos de interacción no cesaban, seguía apareciendo en la cocina cada vez que yo llegaba. Intentaba conversar conmigo cada vez que me veía. Seguía usando el baño cuando yo salía de él. De hecho, empezó a usarlo algunas veces antes que yo. Y al final yo terminaba golpeando la puerta después de media hora o incluso 40 minutos esperando a que saliese, diciendo que tenía que irme al trabajo y que dejara de acaparar el baño. Salía del baño y con su sonrisilla de imbécil decía que lo sentía. Mi repulsión hacia él no hacía más que crecer y después de varias discusiones conmigo y otros miembros de la casa, todo el mundo le evitaba. Él no sólo no cambió nada, sino que además seguí...