Hay algo que muchos deberían aprender: que uno esté mal no significa que se tenga el derecho de destruir a los demás. A estas alturas de la vida y siendo mayorcitos, no podemos seguir justificándonos en que hemos tenido una vida mala y por eso somos basura de personas. Tus mierdas, tus traumas, tus problemas. Ve a terapia, trabaja en ti, ve al médico... lo que sea necesario. Pero a mi no me vengas a joder porque yo si he hecho mis deberes y aunque vengo de una familia desestructurada, he pasado por relaciones de maltrato y bullying, no me he convertido en una zorra. No puedo cambiar mi pasado, ni las circunstancias pero puedo luchar por salir de la zona de mierda y romper el circulo tóxico.
Alguien que ha trabajado en sí mismo o está en el proceso entiende esto a la perfección. Sin embargo, para muchos otros, es más fácil pagarlo con los demás e intentar hacer nuestra vida igual de miserable que la suya. En este caso la amiga desagradecida se convirtió en ese tipo de persona.
Era un vampiro emocional, cada vez que hablabas con ella te robaba la energía. No había nada bueno, todo era una mierda, todo era negativo. Cada consejo que le dabas te decía que no, que así no se solucionaba nada, pero tampoco intentaba cambiar. Y cuando uno tiene sus propios problemas o llega reventada del trabajo, tener que escuchar el mismo discurso día sí y día también agota. Nos daban ganas de decirle que para que nos contara nada si no quería ayuda. Pero al menos nosotros, sí que teníamos respeto.
Además, le cogió manía a su bestie Sofía porque empezó a destacar más que ella en el trabajo. Así que tampoco estaba contenta allí. Después de estar meses pegadas como siamesas, la envidia apareció. Sofía tenía novio, había vivido y viajado alrededor del mundo, y sobre todo, tenía seguridad en sí misma. Yo había escuchado alguna vez comentarios en plan "Claro, como Sofía tiene dinero" o "Claro, como Sofía es más lista". Y cuando salió un proyecto en el trabajo, ambas fueron a por ello. La diferencia es que Sofía se vendía muy bien a los jefes y rebosaba seguridad. Mientras que la otra, comida por sus inseguridades, no luchó por ello.
No veía que ella no lo había intentado lo suficiente, ni que se notaba que su actitud era como un avestruz con la cabeza enterrada en el suelo. La culpa era toda de Sofía. Porque claro, ella tiene desparpajo. Ella vendía sus habilidades, ella pisaba fuerte. Y durante semanas tuve que escuchar lo mucho que le jodía que Sofía se hubiera quedado con el proyecto. Porque "no se lo merecía, solo había vendido la moto".
Comentarios así los escuché siempre de otras personas. No habían conseguido algo a través de esfuerzo o sacrificio. Lo habían conseguido por dinero, suerte, contactos... Se la comía la envidia cada vez que a alguien le iba mejor que ella. Y ella tenía la oportunidad de ahorrar, de cambiar a un trabajo mejor o de mejorar. Pero era más sencillo soltar bilis que hacer introspección.
...
Y llegó el momento de convertirme en el blanco de sus ataques. A estas alturas había discutido con Sofía, con otras personas de su trabajo, con sus amigas de España. Y claro, se sentía sola. Yo, como una tonta, seguía apoyándola por bondad y porque pensaba que la amistad era recíproca.
Al principio no le di importancia ya que consideraba que era su estado de ánimo hablando por ella. Pero luego recapacité y me di cuenta de que yo no tenía la culpa de nada de lo que le pasase a ella. Yo ya tenía bastante encima con lo mío, no me vengas a intentar hundir para que tú te sientas mejor.
Para mala suerte suya, yo era un recordatorio más de todas las cosas que ella no había logrado. Ambas teníamos la misma carrera, habíamos estudiado un máster, teníamos idiomas, vivíamos en el mismo país, en la misma ciudad y en la misma casa. Ella era más delgada que yo y con rasgos físicos considerados como atractivos. Tenía más creatividad y además una familia unida que la apoyaba en todo... Pero yo tenía mi terapia hecha, mi autoestima fuerte y una seguridad en mí misma que ella jamás va a tener.
Yo había logrado ser ascendida a manager, cada mes ahorraba casi la mitad de mi sueldo, tenía amigos de todas las nacionalidades, conservaba a mis amigos de España, era profesora de baile, tuve varias coreografías que se convirtieron en shows, era constante con el gym... Vamos, todo lo que ella no había conseguido a pesar de tener las mismas oportunidades que yo. Y eso le jodía horrores.
Más de una vez, cuando la intentaba ayudar, me soltaba que ella no era tan fuerte como yo. Que yo era muy dura y que a pesar de todo ahí seguía peleando. Pero me lo soltaba de una forma tan fea que era un ataque desde la rabia. Yo he hecho mi trabajo y soy así después de 20.000 palos que me ha dado la vida. Decidí salvarme a mí y hasta la fecha aquí sigo trabajando cada día por mí y mi futuro. Pero podria haber cogido su táctica de revolcarme en mi propia mierda y soltar veneno a todo el mundo.
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