La amiga desagradecida era una persona voluble: estaba mal por días, pero un mañana se levantaba eufórica, hacía mil promesas y al día siguiente volvía al punto de partida. Era algo un poco chocante porque te había llorado una semana entera porque se sentía perdida y desmotivada, un día se había apuntado a algo y estaba en todo lo alto y cuando le preguntabas unos días después, ya no quería saber nada.
Se apuntó a diferentes actividades, de todas empezaba llena de energía, se compraba todo y a los dos días había perdido interés. No era constante con nada. Se apuntó a escalada a pesar de estar a media hora en bicicleta desde casa, pero ella quería hacerlo. Aprovechó que el anomal irlandés sujeto n1 tenía coche e iba cuando iba él. Pero como cuando ella quería ir, él no iba, se enfadaba. Que manda narices que te enfades porque alguien use su coche a su antojo y no para llevarte a ti cuando te salga del ojete.
Le dio por la arcilla para hornear, se compró todos los utensilios, hizo figuritas un par de veces y lo dejó. Le dio por hacer collares de cuentas, se compró abalorios y materiales para ello, hizo anillos y pulseras y lo dejó. Quiso bordar tote bags, pero dejó varias bolsas a medias. Quiso hacer materiales para vender en un puesto del mercadillo artesanal, pero nunca creó más artículos. Empezó una cuenta de Instagram de fotografía con la cámara que se había comprado y lo dejó. Empezó otra cuenta de ilustraciones por ordenador, pero lo dejó diciendo que había mucha competencia. ¿Pillais la dinámica, no?
Parecía que lo que hacían los demás le molestaba. Por ejemplo, nos apuntamos al gimnasio juntas. Ella se compró más ropa y elementos para ello. Yo aproveché lo que tenía. Me acompañó un par de veces y después dejó de ir. Yo seguí con ello y ahí sigo años después. No le gustaba verme siendo constante. Si era otra persona que había empezado otro proyecto y estaba de lleno en ello, y pasaba el tiempo y ahí seguía, ella lo criticaba también. Le enrabietaba que los demás tuviésemos compromiso con nuestras metas, mientras ella todo lo que empezaba lo acababa dejando.
Si a alguien le iba bien, conseguía una oportunidad o cualquier cosa positiva, ella lo tenía que menospreciar. Y era agotador escucharla porque no paraba de quejarse ni un día. Yo sabía que estaba emocionalmente mal, pero tía, deja de quejarte y mueve el culo, o al menos acaba algo de lo que has empezado.
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Creo que muchos sabemos de alguien que es mala persona o un inútil y tiene una vida aparentemente maravillosa. Buen trabajo, viajes, pareja, buena economía, coche... Pero, ¿realmente sabemos si eso es verdad? Ya vemos en redes sociales que solo se comparte lo bonito. Nos vamos de vacaciones y colgamos 20 stories de los sitios que estamos visitando y la comida rica que probamos. Pero no colgamos todas las veces que nos hemos tenido que levantar a las 6 de la mañana, todos los días, hacer horas extras y aguantar acefalos, para poder pagarlo.
A mí también me gustaría tener una casa en propiedad y no tener que aguantar compañeros de piso guarros y que no siguen las normas. Claro que me encantaría irme de viaje sin preocuparme de hacerlo de la forma más económica posible. Obvio que me gustaría tener un 0 más en mi cuenta de ahorros. Pero de momento lo único que puedo hacer es trabajar duro cada día para poder conseguirlo. Soltar bilis contra los demás no me va a solucionar la vida.
La amiga desagradecida, mientras peor estaba, más odio soltaba. Se quejaba, lloraba y ahí seguía sin hacer nada. Hasta que llegó un punto donde tanto la pareja como yo nos habíamos cansado de ayudar y de escuchar negatividad todos los puñeteros días. Ya es que hasta se enfadaba por cosas súper tontas. Igual que mencioné antes que le enfadaba que el anomal irlandés sujeto n1 no la llevase a escalada porque no iban los mismos días. Un día se enfadó porque un compañero suyo del trabajo no la había llevado de paseo. Este hombre, casado y con hijos, alguna vez había ido a paisajes naturales y ella le había acompañado. De modo que tenía "taxi" gratis para ir a conocer sitios. Pero cuando un fin de semana se iba con la familia, ella decia que "joder, que se habia ido con ellos" y ella no podia salir fuera de la ciudad.
Si alguien de sus amigos, de los pocos que le quedaban, ya tenía planes con otros amigos o con la pareja. Malas caras porque no le dedicaban tiempo a ella. Pero no se daba cuenta de las veces que nosotros le invitamos a hacer cosas y siempre nos rechazó.
Todos esos amigos que hizo en Irlanda, su bestie Sofía y en general cualquier persona que la rodease, acabaron desapareciendo. Ya fuese porque hubieran discutido, ya fuese porque al final las "amistades" se acababan disolviendo. Pero no le aguantaban. Y yo como testigo de ella y "amiga" que era, me parecía normal. Ella quemaba relaciones, era un vampiro emocional y no devolvía la amistad, solo quería terapeutas gratuitos y a ser posible con coche para poder aprovecharse.
Si no cuidas a tus amigos, se marchan. Si no das lo que recibes, la gente se cansa. La amistad para que funcione tiene que ser bidireccional, no lo que ella hacía con nosotros.
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