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La amiga desagradecida - Parte 6

Me cansé. Me cansé de ser la adulta, la madre, la psicóloga, la niñera. Me cansé de tener que ir con pies de plomo. Me cansé de tener que pensar en su bienestar constantemente. Lógicamente no quería que le pasase nada, pero en ese momento yo iba primero en mi escala de prioridades. Si no quería salir del pozo, yo no podía hacerlo por ella. Ya tenía bastante en mi plato.

Recuerdo que durante ese mes y el siguiente, me limité a sobrevivir. Trabajaba un montón de horas y como no quería volver a casa, me iba al gimnasio en cuanto salía del curro. Solo pasaba por casa para ducharme y dormir. No quería saber de más dramas y no quería cuidar de nadie, solo de mí misma.

A pesar de seguir bajo el mismo techo, no coincidíamos (o hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no encontrarnos). Yo la borré de Instagram y de Facebook, no quería ver nada, no quería saber nada. Y ella jamás se disculpó por lo horrible que me trató ni por los gritos cuando ella había estado mal. Ni agradeció nada de lo que había hecho por ella. Así que para mí fue el despertar que necesitaba. 

Me di cuenta de que nunca fuimos amigas. Yo con ella sí que me comporté como tal, pero ella conmigo no. Por eso conmigo no hacía planes, por eso a mí no me incluía en su vida social. Solo me quería para que cuidase de ella, escuchase sus quejas y cumpliese con el papel de madre-psicóloga-niñera. Y además por el camino me había comido malas contestaciones, desprecios y ataques, simplemente por saber cómo llevar mi vida (o al menos intentarlo).

Yo no tenía la culpa de su dolor ni de que estuviese infeliz con su vida y por ende no iba a tolerar más faltas de respeto. Así que me alejé y durante meses estuvimos así. Yo no iba a ir detrás, creo que yo ya había hecho demasiado. Y si ella no era capaz de disculparse o agradecer nada, ahí te quedas. No eres la única rota, querida. 

La pareja y Disprosio se marcharon, y llegaron nuevas personas a la casa. Ella y la sucia portuguesa se hicieron amigas. Tanto que hasta se fueron de viaje juntas. Fue cuando la casa se salió de control. Hasta ella empezó a dejar de cumplir las normas, no hacer las tareas de casa o dejar luces encendidas por horas. Se la pelaba todo, pero claro, pobrecita que estaba muy deprimida. Yo también, y mucha gente más, y no es excusa.

Al final, como comenté en los posts de la sucia portuguesa, acabaron mal. Para sorpresa de nadie. 

...

El tiempo pasó y volvimos a tener compañeros de piso medianamente normales. Y la situación con la amiga desagradecida mejoró algo. Poco a poco volvimos a hablar, pero nunca volvimos a estar como antes. Simplemente manteníamos una relación cordial por compartir casa. Y yo ya no toleraba nada, había levantado un muro entre nosotras. Además, era evidente que había un elefante en la habitación y, al menos por mi parte, no iba a arreglar nada. Y ella tampoco.

Consiguió un trabajo donde estaba mejor y parecía que algo había progresado. Pero como he dicho anteriormente, si tú no haces el esfuerzo por sanar, no esperes que suceda mágicamente. Sus problemas de autoestima seguían estando y seguía sin sentirse suficiente. 

Y no se le ocurrió mejor manera de aumentar su autoestima que abrirse Tinder. Tuvo una racha de estar yendo a citas constantemente y pensó que así sentiría mejor. Su ego subió momentáneamente después de tener a varios chicos detrás, pero eso no curaba las inseguridades que llevaba arrastrando desde hacía años. 

Esa falsa sensación de seguridad le hizo sentirse bien porque tenía atención, mensajes, citas... Y por supuesto era su oportunidad para restregarme que ella estaba teniendo citas y yo no. Debe ser que teníamos de nuevo 15 años y el mayor logro de tu vida era tener un tío detrás. Ella siempre supo que iba a volver a España y yo siempre supe que no iba a regresar. Así que después de una cita con un chico que le dijo que su vida estaba en Irlanda, ella me dijo que me lo podía quedar. Que los dos teníamos planes de vivir aquí.

¿Perdona? ¿Cuándo he dicho yo que necesite lo que tú no quieres? ¿O qué quiera tu caridad? En ese momento no estaba en mis planes tener nada que nadie. Y si aparecía alguno, que no fuese porque a ella no le gustaba ni le consideraba candidato adecuado. ¿Qué era esto? ¿Quedarme con sus sobras? Se notaba que ella estaba muy arriba y que por fin me "superaba" en algo.

Al final dio con un chico bastante decente e iniciaron una relación y ella sentía que sus problemas habían desaparecido. Pero no, después de las primeras semanas donde todo es un cuento de hadas, llegó la realidad de estar en una relación. Así que ahora se le juntaban los problemas de antes y los nuevos.

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