No solo le ayudé a hacerse a la nueva vida, sino que también le incluí en mi vida. Era mi amiga y acababa de llegar. Le invité a todos mis planes, le presenté a mis amigos, le llevé a sitios que me gustaban, le enseñé la ciudad... Compartí con ella mi vida y todo aquello que me hacía feliz porque también quería que lo disfrutase. Aún recuerdo lo emocionada que estaba, tanto que el primer viernes que estuvo aquí le di como regalo entradas a un concierto tributo de una banda que nos gustaba. Nos pusimos guapas y pasamos una noche muy guay.
Ella encontró trabajo en una tienda deportiva a los pocos días de estar aquí y empezó a llevarse bien con sus compañeros. También se apuntó a escalada y conoció a quien llamaremos gilipollas irlandés sujeto n1, alguien con quien yo tuve un rollete. Y de golpe, se olvidó de mí.
No es que se olvidara de mi existencia como tal, pero dejó de hacer cosas divertidas conmigo. Ya no le apetecía salir a dar una vuelta, compartir un café o probar sitios nuevos. Ahora no podía porque "no tenía dinero". Pero si que me seguía teniendo en cuenta para quejarse a diario de la mierda de vida y lo triste que estaba. Poco a poco me convertí en su madre-psicóloga-niñera. Amiga ya no era una palabra que me describiese aunque yo aún la consideraba así.
En el trabajo se volvió muy cercana de una de las chicas, a la que llamaremos Sofía (nombre ficticio). Empezaron a ser besties, hacian todo juntas y la amiga desagradecida estaba que no cagaba con ella. A mí eso no me molestaba, pero sí lo hacía el hecho de que a mí me pusiera excusas. Yo no es que quisiese hacer todo con ella, pero si me has estado llorando en casa 4 días porque estás mal y te digo que si quieres que vayamos a comer fuera o probar la nueva cafetería que han abierto, por animarte y salir de casa. No me digas que no quieres gastar si luego me dices que te has ido con Sofía al restaurante que te recomendé la semana pasada.
Entendía que no quisiese gastar, pero realmente lo que no quería era pasar tiempo conmigo. Porque a mí no me veía como amiga, yo era su paño de lágrimas. Y después de ver lo mismo muchas veces, dejé de insistir, no le propuse ningún plan más. Todo negativas bajo la excusa de no tener dinero, pero todas las semanas estaba con Sofía en sitios que le había dicho yo.
Esa excusa la usó para todo, incluso cuando la pareja decía de hacer cosas, yo me apuntaba, pero ella no tenía dinero. Para mí se coronó cuando organicé la despedida de soltera de la chica vietnamita y no vino. Era ir a comer a un restaurante asiático que la novia adoraba y luego salir a tomar algo. Como mucho hubiera gastado 20€. Pero no, no quería gastar tanto.
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Ella era de este tipo de personas que son tacaños selectivos. Con nosotros no podía hacer planes para no joder su economía pero con la gente que ella si consideraba guay, sí. Hasta la pareja se dio cuenta porque también le intentaban animar y le invitaban a hacer cosas, pero se encontraban la misma respuesta. A ellos también les "lloraba" pero no al nivel que lo hacía conmigo.
El hecho de que trabajase en tienda hacía que disfrutase de un descuento en todos los productos, lo que le llevó a llenar el armario de este tipo de prendas. Varios abrigos de nieve, ropa de escalada, zapatos para montaña, leggings térmicos, calcetines especiales... Os podéis hacer una idea del dinero invertido porque son prendas con un precio más alto que las normales, por mucho descuento que tuviese.
Uno de los motivos por los cuales muchos emigramos a Irlanda es con la esperanza de generar ahorros, porque aquí se gana más. Pero si no te sabes gestionar, da igual que ganes 2.000€ al mes. Y fue lo que le pasó a ella, se vio con dinero y eso implicó que gastase más. Ya no solo en ropa, también en otras cosas como un ordenador de marca Apple y otros aparatos de marca, pagar por un curso privado, viajes y muchas compras impulsivas basadas en sus emociones. Luego, por supuesto, se quejaba de que no podía ahorrar.
Cada vez iba entrando más en un bucle donde no estaba contenta con el trabajo, no ahorraba, no se sentía mejor consigo misma y no era capaz de encontrar su lugar. Iba a terapia, pero luego no trabajaba lo que le habían dicho, no avanzaba. Usaba a los psicólogos para contar los mismos problemas una y otra vez; era un monólogo del cual parecía que no quería salir.
Tanto la pareja como yo hicimos nuestro mejor esfuerzo en consolarla, darle consejos y en general apoyarla. Lamentablemente no se puede ayudar a nadie que no quiere ser ayudado. Ella solo quería desahogarse con nosotros, pero no quería solucionar nada. Por muy pacientes que fuésemos, eso agota a cualquiera. Y por si fuera poco, empezó a atacarme con pullitas.
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