Resumiendo, y porque esto no va de su vida privada, solo de mi historia con ella. Decir que tuve que escuchar muchos lloros, muchas quejas, peleas... Pero por suerte ya no era mi responsabilidad ir a consolarla después de que hubiese tenido movida con el novio. Y cuando estaban bien, metía al chico en casa más de lo permitido.
Una de las normas que tenemos en casa es que no hay que abusar de traer parejas o amigos a casa. Está bien si tu novio se queda una noche o si traes amigos a cenar. Pero tienes que entender que en casa somos 4 y solo tenemos un baño. Que esto no es un hotel y que la casa es de todos. Y que ni yo ni las demás chicas queremos salir de la ducha y encontrarnos a tu novio.
Pues era llegar del trabajo y encontrarme a los dos en la cocina con música y pretendiendo que vivían solos. Viendo películas con el volumen alto a la hora de dormir o duchándose juntos. Y cuando ya se quedaba dos o tres noches seguidas, la amiga desagradecida ponía ojitos de pena y decía que estaba muy deprimida y que le necesitaba.
Ella había pensado que una relación romántica arreglaría todos sus males, y no, simplemente sacó a la luz más cosas y problemas nuevos.
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Un día recibí un mensaje suyo en WhatsApp diciendo que había encontrado una habitación en el centro y que se iba en dos semanas porque quería vivir la experiencia. Lo más curioso de todo es que meses antes había puesto fecha de vuelta definitiva a España y se marchaba en unos 3 meses. Es decir, que se pegó la mudanza para unas semanas más luego de tener que empacar todo lo que tenía aquí de vuelta a casa de sus padres.
Yo ya había dejado de buscarle sentido a sus decisiones espontáneas y, además, me la quitaba de encima, a ella llorando por los rincones y al novio purulando por casa. Y se marchó, sin decir gracias y sin hacer el mínimo esfuerzo de dejar la habitación en un estado medio decente.
Por supuesto no le podía sudar el coño lo más grande, además, ¿respetarme a mí? Si yo era su criada. Para qué se iba a molestar en agradecer nada ni tener el detalle de irse bien. A sus ojos, yo no lo merecía. Siempre seré su enemigo por ser el recordatorio constante de todo lo que ella no logró.
Cuando uno recibe una habitación en una casa compartida, la debe devolver tal y como la recibió. Mientras estás usándola, estupendo que quieras cambiar la decoración, los muebles, lo que quieras para hacerla más tuya. Pero cuando te marchas, vuelves a dejar todo como estaba. Pero no, qué se podía más esperar de ella.
Cambió las cortinas porque no le gustaban y puso unas suyas, dejó la habitación sin cortinas. Cambió de escritorio porque el que había era muy viejo, dejó la habitación sin escritorio. Cambió las sábanas que no le gustaban para poner nuevas, dejó la cama sin sábanas. Y para rematar, dejo la habitacion llena de mierda. Además de desagradecida, una cerda.
Fue la última demostración del cero respeto que me tenía. Una despedida humillante a modo de "tú limpialo que para eso estás".
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No sé ni por qué conservé su móvil un tiempo más, y lo único que supe de ella es que ya estaba en España por una foto familiar que subió a estados de WhatsApp. Eso quería decir que ella también tenía mi número.
Siempre he sido de colgar muchas cosas en redes, compartir fotos bonitas, memes o recuerdos. Y más aún si son fotos de paisajes o viajes. Ella, por el contrario (o por lo único que yo podía ver que era WhatsApp), no compartía casi nada. Hasta que me fui a la Toscana y colgué fotos increíbles.
Yo había organizado un viaje de una semana por distintas ciudades italianas para celebrar mis 33. Y cuando vio las fotos en mis estados, debe ser que le comió la envidia e intentó hacer competencia. De repente subió un par de fotos de unos paisajes, bonitos, pero no tenían nada que ver con los viñedos toscanos. ¿Casualidad? Puede ser. Pero tiempo después no volvió a subir nada más. Cosa que cambió cuando supo que yo tenía novio.
Supongo que en lo único que podía sentirse "superior" a mí era que ella tenía pareja y yo no. Y en el momento en que la tuve, ya no podía "estar por encima". Así que de nuevo, se la llevarían los demonios. Compartí un selfie de los dos y unas cuantas fotos de paisajes irlandeses. Casualmente ella subió una foto con su novio en Irlanda, a pesar de que ya no vivían aquí. De nuevo, ¿coincidencia?
A las pocas semanas estuvimos de ruta por unos acantilados y prados verdes y lo volví a colgar en mis estados de WhatsApp... Ella volvió a colgar fotos antiguas. ¿Cómo osaba yo compartir mi felicidad con mi novio irlandés con coche y que me llevaba a sitios preciosos?
Sinceramente no sé qué pretendía, pero tampoco quería saberlo. Así que borré su número y nunca supe más de ella. Y ahí se acabaron años de "amistad", ya que nos conocíamos desde 2013. A ella se le acabó el chollo de usarme como su madre-psicóloga-niñera y yo me liberé de tener que cuidar de alguien que no era capaz de verme como a una amiga.
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