A esas alturas de la historia, yo ya estaba que no podía con él, se creía con más derechos que nadie y, sobre todo, por encima de todos. No, no lo era, simplemente su ego le decía que sí. Y por supuesto, ojo a que alguien hiciese algo de una forma diferente o le llevase la contraria... Ardería Troya.
Como yo estaba harta de su comportamiento narcisista y de que se creyera por encima de nosotras, empecé a cantarle las 40. De forma educada y con respeto, pero a él no le gustó. Si estaba con el toyboy por 3 horas en la cocina, dejaba la luz de su cuarto encendida cuando no estaban. Así que le decía que por favor apagase la luz si no la estaban usando. Su respuesta era que yo era una pesada.
Cuando cocinaba, como en la cocina tenemos dos luces, muchas veces tenía las dos encendidas y le decía que cuál prefería, ya que no hacía falta tener dos luces a la vez. Ponía mala cara, pero yo apagaba una. Y es que además cocinaba y usaba la luz del extractor. Luz que no hacía falta si ya tenías las del techo dadas, pero él la usaba a pesar de decir "que le gustaba la oscuridad". No, lo que te gusta es derrochar.
Me hartó tanto que le quité la luz al extractor, cogí la bombilla y la escondí... Qué otra cosa igual, el extractor puesto todo el rato que cocinaba aunque la comida fuese avena. Este señor se levantaba y derrochaba, todo encendido. Claro, como la factura la pagábamos a partes iguales, ¿qué más daba, no?
Incluso un día que hacía 30 grados, cosa que sucede un par de veces al año en Irlanda, decidimos tender la ropa fuera. Las otras dos chicas y yo aprovechamos esos días para hacer la colada y tender en el patio, un gusto, la verdad. Pues él, con sus cojones viejos, tuvo que poner la secadora. Le dije que tendiese fuera como habíamos hecho nosotras 3 y lo hizo; pero me comí que me llamase pesada y su cara de perro. Ah, y a él le gustaba la ropa en la secadora porque quedaba más blandita. Sibarita.
Otra de sus costumbres de mierda era dejar el congelador abierto. Ya fuese porque no lo cerraba bien o porque quería hielo. Cogía la bandejita de los hielos, dejaba la puerta del congelador abierta de par en par, iba al grifo, llenaba el molde con toda la tranquilidad del mundo, y ya volvía a ponerlo dentro y cerrar. Que la nevera fuera perdiendo frío o que se pudieran descongelar las cosas daba igual.
...
De sus manías obsesivas, creo que la mayor era el baño. Y como buen derrochador que digo que es, parecía que se comía el papel higiénico. Nivel un rollo doble gastado en un día solo por él. Cagaba dos veces al día y antes de sentarse cogía papel y limpiaba con el producto de limpieza para baños. Para evitar el mal olor, quemaba papel higiénico a pesar de que teníamos un spray ambientador. Se sonaba la nariz unas 7 veces al día usando el papel del baño. Si el espejo estaba empañado, usaba más papel y dejaba todo el espejo con restos de pelusas.
La botella de litro de producto desinfectante para el baño se acababa cada pocas semanas y si no tenía más, empezaba a tirar del limpiacristales o de la lejía. Y tampoco hacía el esfuerzo en comprar otro. Porque esos eran los productos de limpieza común para la casa, si vas a usar algo en exclusividad, compralo para ti, rata. Lo que usábamos nosotros semanalmente para el baño, él lo usaba dos veces al día y a diario, con razón, todo se acababa.
Yo solía comprar el papel y los productos de limpieza y luego pedía el euro o dos euros que tocábamos por cabeza, pero me cansé. Porque ya era tener que comprar un paquete de 9 rollos dobles cada 15 días cuando todos pasábamos la mayor parte del día fuera de casa. Era él quien lo gastaba todo. Así que dije que cada uno comprase su propio papel porque era una locura el ritmo que llevaba.
El derroche era brutal. En la casa había cajas de guantes, toallitas desinfectantes, servilletas y bayetas. Todo desaparecía. Yo lo había traído para la casa y era para compartir. Pero él, en más de una ocasión, había metido en su habitación rollos de papel higiénico o botes de toallitas para su uso personal. Eran para todos y por eso estaban en las zonas comunes, no era un regalo para él. Lo que digo, un egoísta de los pies a la cabeza.
Encima era tan sinvergüenza que me decía que no había más cajas de guantes. Y yo le dije que en un mes había volado una caja con 100, que no iba a traer más porque era un despilfarro, que quien quisiera guantes que se los comprase. Había una caja en el baño para que cada semana, a quien le tocase hacer la limpieza, los usara. Y él decidió poner otra caja en la cocina, para él, por supuesto. Cada día gastaba varios pares para cocinar porque no quería ensuciarse las manos.
Gastaba papel de cocina y servilletas solo para secarse las manos, aunque tuviésemos 20 trapos para ello. Todo lo que pillaba por casa lo usaba en cantidades ingentes, mientras que nosotras solo gastábamos lo que era normal. Yo podía gastar un par de guantes y una bayeta que luego desechaba después de hacer el baño o la cocina, pero no 20.
Y jamás de los jamases se le ocurrió decir que él se compraría sus propios productos. Cosa que nosotras sí hacíamos. Por ejemplo, yo tengo algún spray de lejía que ha sido caro y es solo para mi habitación. O alguna que se ha comprado alguna marca en concreto de productos contra el moho. No iba a dejarlo a su alcance para que en dos días de cagar, hubiese dejado la botella vacía.
Quería que nosotras cumpliesemos todo, cosa que hacíamos, pero él quería hacer lo que le saliese del ojete. Quería tener la casa para él solo, pero éramos 4 en total. Quería el baño disponible para cuando a él le conviniese, pero los demás también teníamos derecho a usarlo. Quería usar todo lo que hubiese en casa, pero él jamás colaboraba con nada... Quería mandar con su dictadura, pero yo no lo permitía.
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