Y llegó el golpe de Estado... Cuando digo que el pequeño dictador era imposible, no era una percepción mía. Era que todo el mundo que le conocía tenía algo malo que decir de él. En el trabajo había tenido varios encontronazos con distintos compañeros. Incluso a uno le dijo que, como no mejorase, lo iba a despedir cuando él no tenía autoridad para ello. También había habido algún que otro conflicto con su superior, porque él "tenía razón" y no concebía que las cosas se hicieran de un modo diferente al que él quería.
En uno de esos conflictos en el trabajo, recuerdo que estuvo hablando por teléfono con su toyboy y por la conversación pude entender que el chico le estaba intentando tranquilizar (en mi casa las paredes son de papel, así que escuchas todo y más si hablas a voces). Vamos, lo normal en estos casos. A lo que el caudillo le gritó que él no sabía nada y que no entendía cómo era el asunto. A ver, si no quieres que nadie te diga lo que no quieres escuchar, no hables con nadie, haz monólogo frente al espejo si lo que quieres es desahogarte y que te digan que tienes razón en todo.
Actuaba siempre con esa condescendencia y paternalismo, esa actitud de "deja que yo te explique porque tú eres tonto y no sabes". Cualquier problema que tuviese otra persona era porque era inmadura o vaga; para él no había más. Sonará cruel, pero con razón no tenía amigos. Se limitaba a estar en casa pasando todo su tiempo libre cocinando (y gastando todo lo que podía). Y había tenido suerte de dar con un chico que le aguantaba por no saber estar solo, porque tampoco es que tuvieran una relación sana.
Estaba amargado y el mundo no giraba como él quería. Se veía con 45 años compartiendo piso con gente de 20 y 30, no tenía mucha libertad financiera y sus relaciones sociales eran escasas y él las hacía tirantes. Entiendo cómo se podía sentir, pero lo siento, no era mi problema. Aquí todos tenemos nuestro cajón de mierda y los demás no tienen por que pagar por ello.
...
Una tarde que yo salía para el centro, descubrí la luz del baño encendida; supuse que había olvidado algo y que subiría inmediatamente. Pasaron los minutos y nadie aparecía, así que la apagué. Y al bajar, encontré la luz de la cocina encendida, la de su habitación también y él mientras en el trasterillo que teníamos. Así que le dije que por favor se acordara de apagar las luces porque había 3 luces encendidas en diferentes habitaciones y él no estaba en ninguna. ¿Cómo tuve la osadía de decirle eso? Entró en cólera.
Comenzó a gritarme que yo era una pesada, que siempre con lo mismo y que le tenía harto. Yo le dije que las normas eran claras y que habían sido aceptadas en el momento de mudarse a la casa. Que si quería dejar todo encendido, que con gusto aceptaríamos que pagase la factura de toda la casa él solo. Él solo decía lo molesta que yo era y que quería irse, pero que no podía porque no encontraba nada más. Yo le dije que mientras viviese en nuestra casa, las normas se iban a cumplir sí o sí.
Fue tanto el escándalo que hasta las otras dos chicas alucinaron, ya que estaban en casa y habían presenciado todo. La chica trans me escribió por Whatsapp preguntándome qué había pasado y ahí fue cuando descubrí que ella tampoco le soportaba. Pero no quería decir nada para no generar mal ambiente. Más tarde supe que ella le consideraba el peor compañero de piso que había tenido nunca. Genial, ya no estaba sola en esto.
Estuve a punto de contactar al casero porque había sido una falta de respeto monumental por su parte y había sido muy agresivo. Y además las chicas tampoco estaban a gusto con él. Pero decidí esperar porque sabía que él estaba buscando otra casa y se iría pronto. Un par de meses después se largó.
Al final se fue porque nos odiaba a todas y no le dejaba hacer lo que se le antojaba. Y aun habiéndome montado una escenita, no cedí ni permití que se saliera con la suya. Él sería un pequeño dictador, pero a mí no me achanta ni él ni nadie. Para ovarios de acero, yo. Y así acabó su intento de dictadura, que jamás permití aunque me llevara por el camino de la amargura.
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