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El pequeño dictador - Parte 3

En su cabeza de prepotente, se creía más listo que nosotras y lo que no sabía es que yo no era estúpida. Llevo viviendo en la misma casa 5 años, sé cada rincón y cada cosa como la palma de mi mano. Si algo no encaja, es porque alguien ha tocado algo que no debe. Pero él quería salirse con la suya a toda costa y yo no se lo iba a permitir. Este ser cocinaba todos los días y a cada hora, no sé cómo no se cansaba. Yo también estoy en una etapa de mi vida en que me estoy cuidando y estoy cocinando más conscientemente. Pero suelo hacer tuppers para 3 días y dejar todo más o menos organizado para no tirarme mis horas libres atrapada entre fogones. Él no, fuegos encendidos para el desayuno y más a la hora de comer. Dos, tres fuegos a la vez, el horno... Y además solía dejar los fuegos encendidos porque decía que así cogía más potencia (como la secadora, claro). Dejaba la sartén calentándose y a los 10 minutos volvía para poner un salmón o una carne por 4 minutos. Decía que era la única fo...

El pequeño dictador - Parte 2

Comencé a darme cuenta de sus malos hábitos y manías. Como ahora pasaba las mañanas en casa, veía todo lo que hacía cuando yo no estaba. Era un puto derroche de electricidad constante. Se levantaba, dejaba las cortinas cerradas y ponía un flexo toda la mañana hasta que se iba a trabajar. Porque en teoría estaba estudiando y según él le gustaba la oscuridad. Eso de que le gustase la penumbra era curioso si estaba con la luz puesta todo el día aunque hubiese luz natural. Lo mismo que cuando iba al baño, luz entrando por la ventana, daba igual, tenía que encender la luz. ¿No te ves los cojones?  También tenía creencias raras y de ahí no lo sacabas. La secadora que teníamos antes solo tenía una potencia y lo único que podías elegir era el tiempo según una ruleta. Era bastante buena a pesar de ser antigua y con 50-60 minutos, la ropa se secaba perfectamente. Además que para lavadora y secadora, tenemos los programas elegidos para que todos usemos los mismos y sea igualitario. Porque no ...

El pequeño dictador - Parte 1

El pequeño dictador se unió a la casa hace un par de años; quedaba una habitación libre y, al saber que trabajábamos en la misma empresa (aunque en diferentes áreas) y que la amiga desagradecida había trabajado con él, pensé que sería un buen compañero. Pasaba los 40 y estaba muy centrado en comer sano y sus rutinas de gimnasio. Además, contaba que quería vivir en una casa de "adultos" porque ya había tenido malas experiencias en el pasado. Parecía, y digo parecía, una buena elección. Pero como en la mayoría de las ocasiones, todos acaban mostrando su verdadera cara. Al principio, todo correcto, era un tío responsable, limpio y comprometido con las tareas del hogar. Cosa que al menos hacía bien, dejaba todo impecable. Y yo me pude relajar. Cuando ves que alguien funciona decentemente, deja todo ordenado y no hace ruido, parece que por fin estás compartiendo casa con alguien medianamente funcional. También en ese momento yo estaba hasta arriba con problemas en el trabajo y tam...

La amiga desgradecida - Parte 7

Resumiendo, y porque esto no va de su vida privada, solo de mi historia con ella. Decir que tuve que escuchar muchos lloros, muchas quejas, peleas... Pero por suerte ya no era mi responsabilidad ir a consolarla después de que hubiese tenido movida con el novio. Y cuando estaban bien, metía al chico en casa más de lo permitido. Una de las normas que tenemos en casa es que no hay que abusar de traer parejas o amigos a casa. Está bien si tu novio se queda una noche o si traes amigos a cenar. Pero tienes que entender que en casa somos 4 y solo tenemos un baño. Que esto no es un hotel y que la casa es de todos. Y que ni yo ni las demás chicas queremos salir de la ducha y encontrarnos a tu novio. Pues era llegar del trabajo y encontrarme a los dos en la cocina con música y pretendiendo que vivían solos. Viendo películas con el volumen alto a la hora de dormir o duchándose juntos. Y cuando ya se quedaba dos o tres noches seguidas, la amiga desagradecida ponía ojitos de pena y decía que estaba...

La amiga desagradecida - Parte 6

Me cansé. Me cansé de ser la adulta, la madre, la psicóloga, la niñera. Me cansé de tener que ir con pies de plomo. Me cansé de tener que pensar en su bienestar constantemente. Lógicamente no quería que le pasase nada, pero en ese momento yo iba primero en mi escala de prioridades. Si no quería salir del pozo, yo no podía hacerlo por ella. Ya tenía bastante en mi plato. Recuerdo que durante ese mes y el siguiente, me limité a sobrevivir. Trabajaba un montón de horas y como no quería volver a casa, me iba al gimnasio en cuanto salía del curro. Solo pasaba por casa para ducharme y dormir. No quería saber de más dramas y no quería cuidar de nadie, solo de mí misma. A pesar de seguir bajo el mismo techo, no coincidíamos (o hacíamos nuestro mejor esfuerzo por no encontrarnos). Yo la borré de Instagram y de Facebook, no quería ver nada, no quería saber nada. Y ella jamás se disculpó por lo horrible que me trató ni por los gritos cuando ella había estado mal. Ni agradeció nada de lo que había...

La amiga desagradecida - Parte 5

Y llegó el mes del terror... No había tenido un mes más horrible en toda mi vida; fue un palo tras otro. No sé ni cómo sobreviví. Aún recuerdo pedir cita con mi psicóloga unos meses después y contarle todo para ver si lo había sabido llevar bien. Y me felicitó, me dijo que lo había hecho genial porque sin duda había sido una situación muy difícil. Cada vez que podías coger un poco de aire, te volvían a meter bajo el agua sin oxígeno. Había mencionado antes al anormal irlandés sujeto n1, amigo de la amiga desagradecida. Se conocieron en escalada, creo que llovía a cantaros y él se ofreció a llevarle a casa, dándose la casualidad de que éramos vecinos. Ella en los primeros minutos le contó su vida y se quejó de todo, buena carta de presentación. Desde el primer momento ella lo metió a la friendzone , así que no sé si él tenía algo de interés en ella o no.  Ella había querido jugar a la celestina diciendo que este sujeto pegaba conmigo y que a ver si salíamos todos juntos y nos conocí...

La amiga desagradecida - Parte 4

La amiga desagradecida era una persona voluble: estaba mal por días, pero un mañana se levantaba eufórica, hacía mil promesas y al día siguiente volvía al punto de partida. Era algo un poco chocante porque te había llorado una semana entera porque se sentía perdida y desmotivada, un día se había apuntado a algo y estaba en todo lo alto y cuando le preguntabas unos días después, ya no quería saber nada. Se apuntó a diferentes actividades, de todas empezaba llena de energía, se compraba todo y a los dos días había perdido interés. No era constante con nada. Se apuntó a escalada a pesar de estar a media hora en bicicleta desde casa, pero ella quería hacerlo. Aprovechó que el anomal irlandés sujeto n1 tenía coche e iba cuando iba él. Pero como cuando ella quería ir, él no iba, se enfadaba. Que manda narices que te enfades porque alguien use su coche a su antojo y no para llevarte a ti cuando te salga del ojete. Le dio por la arcilla para hornear, se compró todos los utensilios, hizo fi...